martes, 21 de junio de 2011

La orgía

Discúlpenme si no les digo mi nombre. Entenderán que en una sociedad aun tan escasamente liberada en lo sexual como la nuestra, que me relacionen con este tipo de practicas poco “corrientes” no seria lo mejor para mi carrera. Prefiero pues mantener el anonimato, protegiendo mi reputación de persona de orden…

Sin embargo, lo que a continuación les contaré, es el relato fidedigno de lo sucedido en la noche de un viernes de invierno en la remota casa de campo de un lugar olvidado y olvidable.

No se lleven una falsa imagen de mí. Uno no es demasiado entusiasta del exotismo erótico. Cierto, he hecho mis pinitos, en parejas, tríos y una ocasional doble pareja (y no, no hablo de Poker, aunque alguna escalera hubo de por medio en cierta ocasión...).

Pero fue la casualidad la que me llevó a aquel paraje escondido. La casualidad y mi amigo Alberto, que decidió ofrecerme un regalo de cumpleaños muy diferente…

No se crean. El asunto de las orgías esta muy mitificado. Tanto cine porno no ayudó demasiado a mantener ese trozo del cerebro masculino dedicado al sexo (que no debe ir más allá del 95%, por mucho que digan), dentro de los límites de la realidad. Seamos serios. En el mundo en donde nos movemos, la gente normal tiene panza, los pechos grandes están caídos, y las jóvenes exuberantes no pierden el tiempo tonteando con señores de edad, menos si se llaman Silvio. Así que lo que nos encontramos por allí estaba más cerca del bingo de los sábados de cualquier casino de pueblo que de la mansión Playboy.

Mucho señor de pelo en pecho (el que les faltaba en la cabeza), mucha señora tintada con master en Telecinco y una abundancia general de carne que hablaba de ríos de cerveza y un excesivo amor por el cerdo.

El asunto es complicado. Acostumbrados a esas coreografías de gráciles cuerpos desnudos de tantos filmes de culto (de culto entre los amantes del cinco contra uno), no nos hacemos a la idea de lo complicado que es ajustar el ritmo de una docena de personas desconocidas entre si y con escaso desarrollo atlético, sin que aquello parezca un puzzle de embutidos. Y todo eso sin meternos en el asunto de las reglas.

Porque allí los conceptos no estaban demasiado claros, y había algunos a los que les daba igual carne que pescado.

Así que hubo que formar una improvisada asamblea donde entre ciertas tiranteces y referencias cinéfilas de alguno (“la revolución no entra por el culo"), se atajó el intento de abrir nuevas vías…

Ya metidos en faena, surgió el siguiente problema. Y es que si, hacer el amor salvajemente en el suelo puede parecer muy excitante, pero teniendo ya una edad los riñones no tardan en quejarse y los músculos piden a gritos un lugar más blando donde desarrollar su actividad. Y es que hay mucho insolidario, de esos que agarraban un sofá y de ahí no los movía ni la guardia civil.

Por otra parte, uno, que es un caballero, ve algo precipitado el conocer bíblicamente a otra persona sin al menos una escueta presentación. Lamentablemente, eso parece romper el ritmo. Así que tras el tercer “jo tío, que me cortas el rollo”, me resigne a introducirme en faena sin el consabido intercambio de tarjetas…

Todo se desarrollaba pues de aquella manera, con poco espacio, escasa conversación y cierto trajín, cuando se fue la luz.

Bueno, me dije, para lo que hay que ver, lo mismo es hacerlo a oscuras. No caí en ese momento en la cuenta de que en la penumbra un agujero es un agujero, y de que algunos de los opositores a las barreras arancelarias intentarían aprovechar la coyuntura para borrar ceros de su cuenta.

Y así, mientras tenia la boca ocupada en un agradable intercambio lingüístico con una Choni a la que no le abandonó el chicle de su boca en toda la velada, note una actividad no permitida en donde la espalda pierde su casto nombre. Si estuviéramos hablando de Rugby, aquello se había convertido en una melee con introducción trasera. Y aunque con rapidez contuve la invasión antes de que me hicieran ciudadano del país del sol naciente, el daño ya estaba hecho en parte. Fue un error, me dijeron. Si, si que lo fue, me dije al día siguiente, cuando tenia la sensación de que mi caminar había adquirido el aspecto de el de un cowboy cabalgando por la pradera…sin el caballo debajo.

En resumen, el asunto del sexo en grupo estará muy bien teóricamente, pero uno es partidario de la calidad por encima de la cantidad, y como con los pechos, dos es la cantidad perfecta, más es vicio…

sábado, 18 de junio de 2011

Ojos de gata

Grises como la vida, con un toque de esperanza en verde. Así son los ojos con los que descubres tu alma al mundo.

Son espejos que reflejan el daño recibido y las cicatrices de viejas heridas.

A veces tristes, otras esquivos, encierran tras la muralla de los parpados el esplendor de su belleza.

En ocasiones los miro y no veo el fondo, como abismos mi mirada se pierde en su negrura.

Otras se vuelven vulnerables, y descubren ese interior tierno que proteges con celo.

Tiemblo cuando se convierten en nubes de tormentas, molesta por las injusticias del mundo o esa pasividad que te desespera en mí.

Al tiempo, son el faro que ilumina mi vida y dirige mi rumbo, la mirada que acaricia mi piel con su dulzura, y la fuente que derramó océanos en el pasado.

Son como tu, llenos de contrastes, imposibles de enmarcar, a la vez lejanos y cercanos, atrayentes y huidizos, con miedo y deseo, alegres y melancólicos…

Es hora de decirles adiós. Toca bajar el telón y dejar que el sueño relaje tu espíritu. Mientras duermes, el mundo es un lugar más oscuro, pero…siempre habrá otro amanecer, cuando lo primero que vea al despertar sean esos dos soles que calientan mi alma.

viernes, 17 de junio de 2011

El anillo

Ayer, como por casualidad (pero… ¿aun crees en ellas?) una pieza de tu pasado volvió a ti.

En el interior de uno de esos cajones que sirven de almacén (o quizás de cementerio) de objetos olvidados y olvidables, entre un mar de recuerdos prefabricados que acumulamos sin demasiado sentido pero que nos resistimos fieramente a desechar (porque hacerlo implica borrar una parte de nuestro pasado), allí, estaba el anillo.

Plateado, finas líneas entrelazadas serpenteaban a lo largo de su circunferencia. Apenas entraba en tus dedos. No, en realidad ya no era tuyo, seguía siendo de aquella lejana niña que fuiste.

Sonreíste, y a pesar de su difícil encaje, te lo pusiste. Por un segundo, retrocediste en el tiempo, y volviste a ser esa chiquilla inocente con todo el mundo por delante.

Salimos a pasear. Tu mano, cálida, aferraba a la mía mientras caminábamos juntos bajo el sol, con tu perro corriendo entusiasmado entre las dunas. Siguiendo el sendero, ese camino de baldosas amarillas de tu imaginación, llegamos a la orilla de ese mar que no lo es. Comenzaste a arrojar piedras, como si quisieras rellenar el océano.

Y entonces ese anillo que ya no te pertenecía escapó en busca, no de la libertad, sino de un nuevo dueño a quien robarle el corazón.

Y aunque lo buscamos, el y su brillo gris habían desaparecido, de nuevo, de tu vida, perdido esta vez en el fondo del mar.

No te pongas triste. Ayer no perdiste el anillo, hacia años que lo habías hecho, junto a la inocencia y la juventud. Lo de la tarde pasada fue una despedida, la última visita de un viejo amigo al que nunca volverás a ver, que vino a decirte adiós. Fue un adiós eterno, pero al menos, fue un adiós.

Dentro de un tiempo, cuando alguien recupere la joya de su reposo entre las arenas, su historia continuará. Date por satisfecha, formas parte de ella, y seguirás presente en cada uno de los dedos a los que acoja con su frío abrazo.

No sientas añoranza, a ti no te hacen falta anillos que te aten, solo alas que te hagan volar como siempre soñaste…

domingo, 12 de junio de 2011

Cuando nacen las islas

-Capitán,¡se nos echa una isla encima¡
-¡Piloto,las islas no se mueven, si no se llamarían barcos¡
-Pues capitán…¡se nos echa encima un barco jodidamente grande¡

“Las nunca contadas aventuras de fankunter y wilmor”

Lo más curioso de narrar una historia como esta es la paradoja permanente en la que nos moveremos, por la cual, lo mas sorprendente e irreal es lo realmente cierto, y lo que mas real parece, lo que la imaginación creó.

Retrocedamos atrás en el tiempo, unos 150 años.

Nos encontramos en un mundo que avanza cada vez mas deprisa, entre el denso y pestilente humo procedente de las calderas de vapor de ferrocarriles, barcos e industrias. Las minas se hunden en la tierra por millares, extrayendo de la misma un incesante caudal de minerales. El hierro y el carbón son los motores de una sociedad dinámica, llena de miserias pero plena de esperanza. La fe en el progreso, la seguridad de que el futuro será mejor no es un mito fenecido, sino algo lleno de actualidad. Gente como Verne era fruto de la era que le tocó vivir, y así lo demostró en sus escritos.

Y no solo la industria y el comercio multiplican su actividad, los exploradores (seguidos rápidamente de los militares y los mercaderes) terminan de dibujar el mapa de un planeta cada vez más pequeño, ceñido por los delgados hilos del telégrafo.

Europa, mientras ve desbordarse fuera de sus fronteras a millones de sus habitantes en busca de una vida mejor, extiende sus tentáculos sobre medio mundo. El colonialismo blanquea sus excesos en nombre de la extensión de la civilización occidental. Al tiempo, el auge de los nacionalismos hace morir a pequeños estados y renacer a viejas naciones…

Y es al sur de una de estas recién llegadas al tablero continental, donde comienza nuestra historia.

Italia, Junio de 1864. Tres años antes, Víctor Manuel II, el rey del Piamonte, se había convertido, de la mano de Cavour y Garibaldi, en el monarca del nuevo estado Italiano, una nación en la que aun se echaba en falta a Roma (donde el Papa intentaba inútilmente resistir lo inevitable) y el Veneto (ocupado por los austriacos).

Cuando los cañones apenas habían acabado de rugir (y tratándose mas, como se comprobó apenas dos años después, de una pausa momentánea que de un definitivo adiós) la naturaleza tomo su relevo.

Pequeños terremotos perturbaron la tranquilidad de los habitantes del sur de Sicilia. Durante varios días, el suelo no paró de temblar, y a lo lejos, en el mar, una columna de humo se elevaba cada vez más el cielo, como si se tratara de una inmensa hoguera.

El 25 de Junio llegaba al puerto de Palermo una pequeña goleta procedente de Malta, la “Berenice”, con una noticia sensacional.

A 30 kilómetros del pequeño puerto de Sciacca, del fondo del mar había surgido una nueva isla, aun humeante. Un volcán submarino, sin duda el responsable de los temblores, había hecho ascender hasta la superficie, gracias a los materiales expulsados en sus erupciones, una pequeña extensión de terreno. Pocos imaginarían por entonces que esa miserable roca en mitad del mediterráneo se iba a convertir en los meses siguientes en uno de los principales focos de interés dentro de la política continental.

La erupción prosiguió su curso, hasta que un mes después, al parecer ya aplacada, había hecho crecer la extensión del islote hasta poco más de 4 kilómetros cuadrados, con una altura máxima de 60 metros.

Para entonces, sobre la isla se llevaba discutiendo semanas en la prensa internacional (y en los gabinetes ministeriales), desde a quien pertenecía hasta su mismo nombre.

Y es que a la lógica reclamación italiana (Isola reunificazione) se le anticipó la británica (Graham Island), alegando su soberanía sobre Malta. Los franceses tampoco perdieron el tiempo en bautiza a la roca (Ille Julia) ni en solicitar su propiedad, acogiéndose a sus intereses comerciales y financieros en Túnez. España (que ni se molestó en renombrar el terrenillo), fue la ultima potencia que hizo constar su interés sobre la nueva parcela, en base a que la ultima vez que había estado emergida (rápidas visitas a olvidados archivos revelaron a los preocupados geógrafos que como mínimo en cuatro o cinco ocasiones, desde la época de las guerras púnicas, la zona había estado sobre el nivel del mar) el territorio pertenecía a la corona española.

Curiosamente, ninguno de estos nombres arraigo en la memoria colectiva, y si lo hizo en cambio el de Ferdinandea. Y es que a todas estas alegaciones soberanistas se le agregó la del depuesto rey de las Dos Sicilias, Francisco II, que desde el exilio quiso con el nombre escogido homenajear a su padre, el detestado Fernando II. Ya que reclamaba la devolución de su reino por parte de los Saboya, tenía su lógica que también solicitara la propiedad de la isla neonata.

Una vez estabilizada (más o menos) la actividad volcánica, estaba claro que el siguiente paso de las potencias implicadas era pasar del papel al terreno.

A lo largo del mes de Agosto, llegaron a las costas ferdinandeasianas el crucero protegido HMS Warrior , de la royal Navy, el acorazado Napoleón, de la marina imperial francesa y la fragata acorazada Principe di Carignano, de la regia Marina. La marina española no se digno en enviar barco alguno, y el ex rey de Las Dos Sicilias no tenia buque alguno que enviar.

Tras la flota, el ejército. De cada uno de los navíos desembarcaron pequeños destacamentos, que procedieron a izar sus respectivos pabellones nacionales en señal de soberanía. La considerable (y molesta) presencia de vapores volcánicos deslució desgraciadamente las ceremonias, dada la casi imposible visión de las banderas desde la lejanía. De hecho, se dio el caso de ver como el acorazado francés tributo honores al izado…de la bandera italiana. Al menos tenían la excusa del parecido…

Poco a poco, la rutina se hizo dueña de los hombres estacionados en tan desolado paraje. Con poco que ver, al menos que uno fuera un amante de las rocas volcánicas y del azul del mar, y “disfrutando” de la temperatura típica del mes de agosto en el mediterráneo (sazonada por el calor que emanaba del propio terreno), la vida en la isla se deslizaba lentamente, entre la instrucción, guardias eternas (¿Qué había que guardar realmente, ¿no es que nadie se fuera a llevar la isla, no? Se preguntaba mas de un ingenuo recluta), baños de mar para aliviar el calor y diversos entretenimientos para evitar el aburrimiento y mantener la forma.

Y aquí, justamente aquí, vemos aparecer el motivo que nos llevó a recuperar esta historia del olvido. Las fuentes nunca se han puesto de acuerdo sobre la fecha exacta, pero debemos localizar el evento entre finales de agosto y principios de septiembre.

Los británicos, tan amantes del sport, habían traído consigo diversos artefactos e instrumentos para practicarlo. A las carreras atléticas y la gimnasia, le acompañaban torneos de esgrima y combates de boxeo. Pero…un día, italianos y franceses, que observaban con curiosidad las actividades de los hijos de Albión, notaron un cambio. Alguien había delimitado un curioso terreno de juego, de grandes dimensiones, de forma rectangular, dividido en dos mitades. En el centro de cada uno de los extremos cortos se alzaban un par de postes, con una cuerda sirviendo de larguero. Poco después vieron llegar al campo a veintidós jugadores, que se dividieron en dos equipos. Alguien coloco en el centro del campo una esfera de cuero y…

Y ahí, en ese instante, comenzó todo.

Sin apenas entender las reglas, los espectadores no pudieron evitar sentirse impresionados por el brío y la intensidad de los deportistas. Cada vez que alguien introducía el balón entre los palos, un “goal” prolongado se escuchaba entre los jugadores del conjunto que lo había anotado. Al tiempo, el “Goalll”, se había extendido entre el publico, con los italianos apoyando a los “soldados” y los franceses a los “marinos” (ya que de tales armas eran los componentes de cada uno de los equipos en liza).

Para cuando los agotados players dieron por concluido el match, la fiebre del football había sido inoculada entre los asistentes.

Primeros los italianos y luego, con mas reticencias, los franceses, comenzaron a acudir al campamento británico para primero comprender y luego practicar el nuevo sport. Al poco tiempo, se concretó un encuentro, amistoso por supuesto, entre los combinados italiano y francés (los ingleses deportiva, y al tiempo altivamente, adujeron su innata superioridad para negarse a enfrentarse a alguno de ellos por el momento).

Y así, un 22 de septiembre, dos combinados con los mejores deportistas de cada uno de los dos destacamentos se enfrentaron, en un campo de cenizas, en el que fue el primer partido internacional de la historia, ocho años antes del que, según la historia oficial posee dicho honor, un Escocia-Inglaterra disputado en Partick (curiosamente en lo que ahora es un campo de Criquet) en noviembre de 1872.

Lo que nadie recogió desgraciadamente es el resultado del lance. Es casi seguro que fueron los italianos los vencedores, pero…según cuentan algunas crónicas, la escuadra gala se retiró antes del final de la contienda, agraviada por la excesiva dureza de los transalpinos. Pronto empezaban, dirá alguno…

Debemos volver ahora al otro campo de juego, al de la política internacional, donde también se dirimía en esos momentos un apasionante encuentro.

Por suerte, la serenidad fue la nota predominante durante la crisis. Aunque Italia deseaba la isla como muestra de la fortaleza de su nueva personalidad y de la no aceptación de ocupación extranjera alguna en tierras que considerara como propias, no deseaba en modo alguno una guerra contra potencias de mucho mayor calibre, y a la que les interesaba tener de su lado en su inevitable enfrentamiento contra los Austriacos. A Francia básicamente lo que le interesaba de la isla es que la deseara Gran Bretaña, así que su codicia era limitada. Por su parte, los británicos casi se veían obligados a reclamar la isla por razones de prestigio, cosas de la grandeza imperial.

A lo largo de octubre, diversas personalidades visitaron la isla. El jefe de royal navy en el mediterráneo, Almirante Seaman, desembarcó, escaló la cima mas alta y plantó allí la Union Jack, en nombre de la Reina Victoria. El príncipe heredero al trono italiano, Umberto Rainerio Carlo Emanuele Giovanni Maria Ferdinando Eugenio, hizo lo propio con la tricolore, días después.

Por ultimo, a finales de mes, el ministro de exteriores francés, el profesor Prevost (un geólogo de gran prestigio) fue el que alzó la enseña tricolor en lo alto de una colina que se asemejaba por entonces al lomo de un toro repleto de banderillas. Se dice que fue en el mismo momento de colocar la bandera cuando pronunciara su mítica frase, inmortalizada mas tarde al dar nombre a una no menos mítica (aunque por otras razones) canción. Lo que el canciller galo dijo fue lo siguiente:

"Je t'aime... moi non plus"

Aunque nadie entendió por entonces tan exclamación (algunos hablarían posteriormente del gusto del mandatario por la absenta), la explicación llegó poco después. Como experto geólogo, el profesor había adivinado lo que el destino deparaba a la isla.

La escasa consistencia del material arrojado por el volcán, unida al incesante oleaje, estaba haciendo desaparecer el islote, al principio con relativa lentitud, a partir de noviembre con una rapidez creciente. El 1 de diciembre, los británicos, los primeros en llegar, fueron los últimos que arriaron su bandera, cuando el terreno emergido había quedado reducido a un centenar de metros cuadrados. Pocos días después, la isla desaparecía bajo las olas.

Dicho hecho aparece reproducido en la canción de la que antes hablábamos, en esta bella estrofa: "Tu es la vague, moi l'île nue"(Tu eres la ola, yo la isla desnuda).

A partir del 2000 la zona comenzó a elevarse de nuevo, y en el 2002 la roca sumergida se encontraba a tan solo cinco metros bajo el nivel del mar. Se habló de nuevo en los periódicos de la “isla”, aunque pronto volvió a caer en el olvido…como cayó lo sucedido el 22 de septiembre de 1964.

En una ceremonia casi privada, lejos de la publicidad de los medios, el patrullero italiano “Andrea Doria” navegando sobre el lugar donde cien años antes se alzó el islote, lanzó al mar un balón, atado a un peso de plomo. En breves segundos, el esférico se perdió en las profundidades…eso fue todo.

Y fue bastante.

Documentación Adicional

.Si os interesa conocer mas sobre Ferdinandea y su historia, podéis recurrir a la Wikipedia o, mejor aun, leer este delicioso artículo de un blog tan absolutamente recomendable como es el de Cabovolo. Por cierto, tal vez la isla reaparezca en el 2020...

Y si, esto es un cuento (aunque basado en buena medida en hechos reales, aunque en muchos casos trasladados en el tiempo), pero… ¿a que hubiera sido bonito que fuera verdad?

sábado, 4 de junio de 2011

El artillero número seis y el Conde de Montecristo

Releyendo viejas revistas (y cuando digo viejas hablo de ejemplares de los años 50), descubro de cuando en cuando pequeñas joyas en forma de anécdotas que, sean o no ciertas, son sin duda dignas de darse a conocer. Lo que viene a continuación son un par de estas historias en minuscula...

La primera sirve para entender lo absurdo que es en ocasiones mantener tradiciones, usos o costumbres, cuando las circunstancias que las hicieron nacer han variado...

Cuestion de fechas(publicada primeramente en United nations world, posteriormente en el reader digest de agosto de 1953).

El Manual ingles para el servicio de los cañones de 15 cm. tuvo que ser sometido a revision a causa de que en la exhibicion de una pelicula de adiestramiento, hecha de acuerdo con lo prescrito en ese manual, aparecio que el artillero Nº 6 se mantenia elegantemente en posicion de Firmes durante todo el ejercicio, sin efectuar operacion alguna.

Despues de laboriosas indagaciones, los oficiales del estado mayor dieron con un veterano de la guerra de los boers que les pudo explicar la funcion encomendada al artillero numero 6.

Recordó el veterano que la mision del artillero Nº 6 en aquel tiempo , era la de sujetar los caballos que arrastraban el cañón.

En cuanto a la segunda (publicada en el Selecciones del reader digest de Enero de 1957), creo que alegrará el dia a cualquier amante de la novela de aventuras...

Alejandro Dumas Padre se imponía la obligación de escribir determinado numero de paginas diariamente, y no se detenía hasta terminar la última linea de la última pagina. En la mitad de una página, al final de cierta jornada, acabó de escribir los tres mosqueteros.

Trazó una raya divisoria, y a continuación estampó estas palabras:

El conde de Montecristo,novela por Alejandro Dumas, y seguidamente escribió la primera pagina de la novela en la misma pagina en la que habia terminado la anterior.

Quién sabe...se non é vero, é ben trovato.

viernes, 27 de mayo de 2011

Defensa hasta el fín

Era una lluvia con solera, de esas que cuando cae no lo hace con desgana, rutinariamente, sino con el firme propósito de calar hasta los huesos a quien la sufre. Además, se diría que lo hacia con dedicación personal (vale, en un tribunal alguien argüiría el agravante de ensañamiento, pero… ¿Quién va a llevar ante el juez a la lluvia?), se podía sentir que la jodida estaba especialmente interesada en uno, que las gotas mas heladas las reservaba para que te cayeran encima…

El día no acompañaba. O tal vez, si que lo hacia. ¿Qué es preferible para despedir a alguien en su último transito, que el sol “anime” la velada, o que la lluvia acompañe con su lloro la tristeza de los presentes?

La gente se arremolinaba en torno al sepulcro, mientras el sacerdote daba el último adiós al difunto.

Un poco retirados del bullicio, dos figuras conversaban sobre el mismo.

-Con el “Hacha” Jokin se nos van los viejos tiempos, el ultimo representante de aquel equipo mítico…Damian, Arias, Jokin, Quinin, Barbosa, Cachorro, Mariano, Ramón, Matías, Baeza y Domingo…aun recuerdo la copa del…-Comentaba un señor entrado en años a su compañero, bastante mas joven.

-¿Pero, exactamente que clase de jugador era, papa?-le interrumpió su contertulio.

-Bueno…ya sabes que cada equipo suele tener especialistas en diversas áreas. En aquel equipo Barbosa era el cerebro, Domingo el fino estilista (aunque en el fútbol de hoy eso suene mas al peluquero de Guti), y Jokin...Jokin era el carnicero, la mayor bestia que he visto sobre un terreno de juego…lo de su apodo mas que metáfora era simple descripción…

- Carajo, ¿era para tanto?

- Fíjate que se contaba por entonces que tenia en su casa, como en ciertos santuarios, una colección con reproducciones de brazos, piernas, cabezas…pero sus “exvotos”, en lugar de indicar como en esos santos sitios la curación de tales extremidades, indicaban las que había roto…

- Menudo animal… al menos jugaba en nuestro equipo.

-Si, de hecho recuerdo que la hinchada le jaleaba, “Dale duro Jokin”, “Al Nueve Hacha, al Nueve”…reconozco que los rivales daban un poco de pena, aquello debería tener cierto parecido al ambiente de los anfiteatros romanos…salían a nuestro campo aconjogados, y así pasaba lo que pasaba…

- Ya veo que el fútbol de nuestro equipo no seria un ejemplo para la escuela de Cruyff….


-El fútbol de nuestro equipo no era ejemplo para nadie, menos para esa clase de tipos que uno encuentra en el corredor de la muerte…una cosa es el fútbol Viril, la lucha, la entrega, la casta…y otra esa especie de matanza balompédica que sucedía cada vez que los nuestros pisaban el verde…pero ganábamos, y eso es lo que cuenta… ¿no?- Respondió, con algo de inseguridad en su voz, el padre.

-Supongo…aunque tal y como lo has descrito, te hace sentir un poco como si al animar a esos tipos te convirtieras en una especie de cómplice de la Mafia, de fiel cumplidor de la Omertá…¿no debíamos caer demasiado bien entonces por ahí fuera, eh?

-A ver…recuerdo un titular de la época, cuando visitamos Sevilla, que decía “ Desalojen las calles, llega el Deportivo”…por cierto, uno no puede dejar de sonreírse pensando en el nombre tan poco apropiado que teníamos, suena un poco a esas “Republicas Democráticas” que tanto abundaban por el mundo…

- Pues menos mal que no os tiraban piedras cuando llegabais al campo…

-Je, pero eso es porque sabían que si nos las tiraban, se las íbamos a devolver, y con mas puntería…no era respeto, era miedo…

El oficio había terminado, el ataúd descendía hacia su lóbrega morada, mientras la gente se dispersaba lentamente.

Fue entonces cuando divisaron a un anciano apoyado en un bastón y junto a un árbol, a cierta distancia de la tumba, pero que sin duda, observando la concentración de su mirada, solo estaba interesada en la misma.

Al padre se le iluminó por un momento la mente, y de entre las nieblas de la memoria, consiguió traer de vuelta un lejano recuerdo.

-Vaya por Dios, ¿pero sabes quien es ese señor? Mauricio Donato, “El Cisne Cojo” de las crónicas…

-Que apodo tan extraño…

-Bueno, primero fue simplemente el “Cisne”, por su elegancia, lo de Cojo fue un añadido posterior a su encuentro con El Hacha, me temo…creó recordar que le rompió la pierna por cuatro sitios, estuvo dos años sin jugar, y cuando volvió nunca fue el mismo…lo suyo era peor que lo de Robben mismamente….

- Uff… ¿y que hará aquí?

-Supongo que vino a perdonar a su verdugo, ahora en este postrero momento…caballeroso siempre…creo que lo mejor es dejarle solo, ¿no te parece?

Asintiendo, el más joven de los dos ayudo a su padre a abandonar el lugar.

Un minuto después de que todo el mundo hubiera desaparecido, El “Cisne”, tras asegurarse de que no quedaban espectadores, se acerco a la recién colocada lapida.

“Quien resiste gana.”

Don Mauricio leyó el defensivo epitafio, digno de figurar en la sepultura de Capello o Clemente. Tras ello, y volviendo a mirar a todos lados, y con esfuerzo, se subió sobre el frío y mojado mármol.

-te lo dije, maldito cabrón, te lo dije, cuando murieras iba a bailar sobre tu tumba, y aquí me tienes… ¿Qué, quien ríe ahora, quien resistió mas, serás capaz de devolverme el golpe, podrás partir alguna pi…”

Era inevitable. El destino, los siniestros hados, unidos al mármol pulido, la helada matinal y la lluvia continua, habían transformado aquella tumba en una trampa mortal, lo que unido a la excitación del viejo, solo podía conducir a un final. A mitad de la última oración, el resbalón se hizo inevitable, un espantoso sonido de huesos rotos perforo la atmósfera, y un grito desgarrador cerró la escena. Después, solo se escuchó una palabra que, singularmente, era el mejor epitafio que se podía dedicar al gran Jokin…

“Hijoputaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa”

sábado, 21 de mayo de 2011

vivir cada dia

Si no puedo recordar ningún pasado mejor que el presente, ¿Cómo podría sentir nostalgia?

No comprendo aun del todo lo que me sucede ahora. Los días pasan, mas rápidos que nunca, y tengo la impresión de estar en una nube, se que fuera pasan cosas, pero podrían estar ocurriendo en otro universo... y casi me importaría lo mismo.

¿Para que acordarme de quien era antes, lo que pensaba entonces, las tonterías que decía, las estupideces que hacia?

Eran otros tiempos, otro yo. Un yo sumergido en un mundo propio y aislado, carente de peligros…y de alegrías. Tan perfecto dentro de su miseria que los sentimientos no tenían cabida en el. No quería enamorarme para no sufrir…

Y entonces llegó ella…y el dolor. Y ella se fue...pero el dolor no.

Ahora lo comprendo. Tenía el corazón congelado, y el deshielo abraso mi interior. Como el ave fénix que renace de sus cenizas, volví a la vida.

Y no hay nada más doloroso que vivir.

Pero puedes visitar otros mundos, circular por orbitas diferentes, explorar lugares desconocidos, aguardar lo inesperado…conocerte.

Después del deshielo sentimental, llegó el mental. Acabar con todo ese cúmulo de represiones autoinfligidas, liberarme de las cadenas de la mente no es sencillo. Pero tú ayudas. Eso y el placer de lo prohibido, de superar los limites…aunque esas fronteras solo las marquen mis miedos, y solo yo sea el guardián de mis deseos.

Cuando se que voy a verte y noto que se me acelera el corazón, doy gracias por ese nerviosismo, porque vuelvo a sentir.

Te diviso en la lejanía, una pequeña mancha roja entre la multitud, y mi cara se ilumina.

Estar junto a ti es entrar en el paraíso, y tocar tu cuerpo algo tan maravilloso que no dejo de sorprenderme de que no este prohibido.

Un cúmulo de casualidades nos unieron, y por una vez el destino hizo que me tocara la lotería. ¿Estamos destinados el uno para el otro? Tal vez simplemente ambos estábamos en el lugar adecuado en el momento preciso. ¿Qué más da, realmente, mientras este sucediendo?

Y mientras nos abandonamos a la pasión y entramos en un nuevo mundo compartido, te susurro al oído que solo hay algo mejor que acostarme contigo…despertarme a tu lado

miércoles, 11 de mayo de 2011

El roce de tu piel

Os separáis, tras el último beso. Caminas tristón, con desgana, rumbo al aparcamiento. Arrancas el motor del coche y vuelves a casa. Estas cansado, con el cuerpo agotado y la mente nublada. Y sin embargo, jamás experimentaras algo tan placentero.

Ahora han pasado ya horas desde que dejara tus brazos, pero tú la sigues sintiendo allí, presente, a tu lado.

Como cuando bajas de un barco y notas aun el balanceo del mar en tus piernas, tu cuerpo se siguen meciendo al ritmo de sus caricias.

Despiertas de tu estupor, y compruebas como un nuevo mundo se abre ante ti. Sabes que a partir de ahora tu vida tiene sentido. Y eso, el comprender que ya no te limitas a seguir caminando sin rumbo, solo, sino que su compañía alivia las penas del viaje, te libera de la tiranía de tus temores.

Duermes. Y en tu sueño, ella permanece cerca, vigilante. Nada malo te puede suceder mientras este ahí, velando.

De pronto, se acerca a ti…y te toca. Cuando un simple roce te hace ver el cielo y hace que un terremoto estremezca tu cuerpo, comprendes que lamentarías cada día, cada segundo que no estuviste a su lado…si no fuera porque desde que la conoces el pasado dejó de existir. Solo hay presente y sueños de futuro. Y dejas de atormentarte, porque cualquiera de sus miradas vale más que cien agravios que recibieras. Y te dices que si alguien como ella te escogió a ti, tampoco debes estar tan mal…

Y por fin, levantas la vista, y la miras. Y te pierdes en sus increíbles ojos verdes, sin miedo de extraviarte, sin miedo a la derrota, simplemente, sin miedo.

Ya no eres el mismo, ni nunca lo volverás a ser...y jamás te alegraste tanto de nada. Y por una vez dejas tu pesimismo atrás, y permites que tu corazón se diga que lo mejor aun esta por llegar…

Cierras los ojos, y dejas que tu mente se deslice hacia el silencio, buscando el descanso que necesita tu maltrecha figura. Y mientras te desvaneces en la calma, las ultimas imágenes que despiden tu consciencia son la de de una diosa pelirroja saltando al ritmo de una canción.



¿Quién necesita soñar con el paraíso cuando ella te lo ofrece con cada gesto?

sábado, 7 de mayo de 2011

Primavera

Tras el largo invierno, donde todo parece detenerse, la llegada de la primavera supone, aunque sea mentalmente, el retorno de la luz, un estallido de color en la naturaleza, el alargar constante de los días y el disfrute de unas noches cada vez mas cálidas.

Ninguna otra estación conjuga tanta dosis de cursilería, ciertamente, pero hay que reconocerle que, a pesar de ello y de su eterna repetición, año tras año, el espectáculo que nos ofrece es digno de aplauso.

Y se le perdona ese polen, esas alergias, los repentinos cambios de temperatura, las lluvias torrenciales o esos recurrentes dolores de garganta.

Porque, a pesar de su falta de perfección, la primavera es esperanza. Es la constatación de que, tras la oscuridad y las tinieblas, el sol vuelve a brillar, la vida despierta de nuevo y el verde derrota al gris.

Son tópicos típicos, pero con un fondo aplastante de realidad.

Seguramente no hay otra época tan propicia para el amor, con esos paseos bajo el sol del atardecer y esas noches templadas que invitan a besarse bajo la luz de la luna, o esa hierba que parece destinada a servir de colchón viviente, para disfrute de amantes retozones.

Tantos poetas han vivido de glosar sus encantos, que hablar más del tema debería ser castigado.

Pero uno de esos hechos que hacen al hombre ser lo que es, es la percepción de que, a pesar de lo que la literatura o la estadística puedan decir, o lo que la lógica indique, eso que uno siente en su interior es algo único, que nadie experimentó antes.

Y el pasar del pensamiento a la palabra es, en la mayoría de los casos, algo casi inmediato. Cuando uno es feliz, dan ganas de gritarlo a los cuatro vientos. Y esa sonrisa de idiota que se te dibuja en el rostro se convierte en la firma indeleble del delito.

Y es que si vivir en primavera es vivir el doble, hacerlo enamorado eleva al cuadrado cualquier sensación.

martes, 3 de mayo de 2011

Adios y amor

Una de esas preguntas que hacen correr ríos de tintas, talar bosques enteros y producir un dolor de cabeza continuo en poetas y filósofos (bien merecido lo tienen, por otra parte), es la de “¿Qué es el amor?"

Uno duda de que exista una respuesta única (de hecho la duda se extiende a que tenga respuesta e, incluso, a que deba responderse). Cada persona es un mundo…y ni siquiera en ese mundo la contestación será siempre idéntica.

Para un romántico en la respuesta estarían incluidas grandes dosis de sufrimiento, más suspiros que en el disco de una folklórica y un extremo dolor por lo que nunca podrá alcanzar…o tal vez por lo que tema poder alcanzar.

Para otros, el amor es el recuerdo de unos besos, una mirada en verde o una caricia inesperada.

Pero si lo que queréis es conocer mi respuesta…para mí el amor es un adiós eterno.

Es comenzar diciendo que es hora de irse y prolongar la despedida, beso a beso, durante horas, intentando apartarte de ella, pero volviendo a sus labios como si sin ellos te faltara el aire.

Es que ella te diga adiós con sus palabras y quédate con su lengua.

Es un estirar continuo del reloj, el canto del cisne a todo lo hermoso que hay entre vosotros.

Querrías parar el tiempo, seguir abrazado a ella sin que nada os separara, con su mejilla rozando la tuya, su pecho contra tu pecho, con el calor de vuestra piel abrigando vuestros cuerpos desnudos...

Y a pesar de tus ruegos, todo termina. Y se va, o te vas, pensando en lo injusta que es la vida. Y desde el mismo instante en el que te alejas de su vera, ya comienzas a pensar en el siguiente encuentro.

Y sueñas con que, por una vez, no haya despedida…

miércoles, 27 de abril de 2011

Gracias por preguntar

Alguien dijo, tiempo atrás, que los pueblos felices no tienen historia.

En este jodido mundo, parece que solo las desgracias venden. La humanidad creció entre tristeza. Solo así puedo entender porque nos es más fácil expresar el dolor que la alegría.

Estoy sentado delante del ordenador, con una sonrisa de idiota cruzando mi cara, y se que seré incapaz de expresar lo que siento. Pero lo intentaré…se lo debo a alguien.

Una de las cosas que te hacen recuperar la fe en la vida es comprobar como un día cualquiera puede convertirse en el más increíble de tu existencia. Sin planificarlo, ni esperarlo, tal vez, incluso, sin merecerlo.

Y si te preguntan que te sucedió durante esas horas (pero… ¿fueron tantas??), ves como no puedes explicarlo con palabras.

Piensas que deberías hablar de viajar entre nubes, de glaciares que se derriten, de pájaros que cantan y soles que iluminan tu rostro. Y sin embargo lo que te viene a la mente es una canción de los Foo Fighters. Y lo extraño es que todo encaja.

Y Compruebas como lo dulce y lo picante, la ternura y el placer, se entretejen sin que sea posible diferenciarlos. Por una vez la fortuna te guiño el ojo. Y piensas aprovecharlo. Ya no darás dos pasos hacia atrás, nunca más. Quizás solo medio, pero siempre hacia adelante.

Y ese picor que sientes cuando no esta sabes que solo se aliviara cuando su boca y la tuya se unan de nuevo. La frescura de su lengua es lo único que puede calmarlo…aunque se trate de una tregua imaginaria, antes de que su calor avive de nuevo tu quemadura.

Y te dices que tuviste suerte, pero en realidad, aun no te haces a la idea.

Cuando llegas al otro lado de esa barrera que creías imposible de traspasar te sorprendes cuando ves como allí te aguardan las mismas incertidumbres. Pero la sensación es diferente. Porque ya sabes que los miedos permanecerán siempre, pero que a partir de ahora darás mas importancia a lo que tiene que llegar que a lo que se quedó en el camino. Y aunque tienes tanto que aprender, estas deseando hacerlo…y no podrías tener mejor maestro.

Y cuando te mira y la miras y vuestros labios, más rápidos que vuestras mentes, sellan de nuevo su promesa, comprendes, por fin, lo que es la felicidad.

Y solo te queda darle las gracias, por preguntar.

jueves, 21 de abril de 2011

La soledad del Arquero

"Tienes demasiado tiempo para pensar, solo, en mitad de la multitud. O te vuelves filósofo, o te alcanza la locura. A veces, ambas cosas”.

De “La soledad del arquero” (L.Yashin)

Es difícil ser único en un mundo estandarizado. Todos, hasta los que pretenden ser diferentes, acaban formando parte de un grupo, una tribu. Si te vistes de negro al completo y dejas que tu cara tome una tonalidad que asustaría incluso a un miembro del KKK, te veras pronto rodeado de otros seres de similar tendencia. Si decides que el pelo pincho es lo que se lleva, acabaras metido en algun after sin saber que hora es ni cuanto tiempo llevas sin dormir, pero eso si, tu coche brillara mas que las estrellas en la noche y serás mas ruidoso que el motor de un Boeing. Tú fliparas, pero mejor nunca sepas lo que la gente te desea cuanto se ve obligada a disfrutar de tu selección musical.

Pero algunos, pocos, si que logramos conservar nuestra independencia entre las masas. Incluso siendo parte de un grupo, apenas lo somos nominalmente. En el momento decisivo estamos solos, somos diferentes, lo sabemos…y nos gusta.

Soy portero. Guardameta, cancerbero, arquero, meta…tantos nombres para una sola figura, aislada, solo en mitad de la multitud.

Si, tienes otros diez compañeros dentro de tu equipo, algunos de ellos incluso muy cercanos (a veces, y con ciertos entrenadores, muchos y aun mas cercanos). Pero…no son como nosotros. De hecho, ni siquiera vestimos igual, estamos marcados, para que nadie pueda evitar reconocernos. El contacto de sus manos con el esférico es pecado, el nuestro, salvador. En el área nadie manda más que yo, soy el rey, el tirano…pero si salgo de ella, es como si entrara en un mundo diferente, más oscuro y cruel, el reverso tenebroso del portero. En cierto sentido cuando nos arriesgamos a trascender la línea blanca que marca la frontera de nuestro reino, nos convertimos en émulos de aquellos exploradores de antaño, que partían hacia lo desconocido…

Somos odiados. Lo sabemos. Si, nuestra afición nos aplaude cuando evitamos un tanto, respira cuando desviamos un tiro, pero…en el fondo de los corazones de todos los hinchas, de cualquier amante del futbol, existe un rincón de profundo resquemor contra nosotros. El futbol es gol, solo se gana si se marca uno más que el contrario… y nosotros, maldecidos por el destino, somos los encargados de negar lo más sagrado de nuestro deporte. Somos como Judas, necesario para que la historia se cumpla, pero no precisamente alabados por nuestro protagonismo.

Pero a veces, muy de vez en cuando, uno de los nuestros, en nombre de todos, se toma cumplida venganza. Un gol de un portero es la paradoja suprema de nuestro deporte, y para mi, personalmente, la confirmación de que nunca se debe perder la esperanza, de que incluso los condenados pueden esperan ser redimidos, aunque sea por un breve segundo.

Es difícil mantenerse totalmente cuerdo viviendo siempre al filo del alambre. Podemos estar parados, como si fuéramos simples espectadores privilegiados, la mayoría del partido, y de repente vernos obligados a desatar toda nuestra agilidad en una jugada aislada. Si, puede que sea imposible parar un balón, pero siempre, por muchos defensas que haya, por muy bien que lo hiciera el delantero y por vendido que estés en la jugada decisiva, la culpa final será solo tuya. Serás culpable, y cada uno de los tantos que reciban serán otras tantas pruebas de tu delito. En cierto modo, es como si cometieras un crimen delante de miles de testigos…no puedes escapar.

Es inevitable entonces que a veces cometamos actos que a ojos de los demás puedan parecer desquiciados. De hecho, seguramente lo serán.

Por algún lado tiene que escaparse esa presión intensa que sentimos. Todo ser humano, incluso nosotros, seres apestados, al margen de la sociedad, debería tener derecho a vivir en paz, a no ser atacado una y otra vez. Si, nuestro trabajo es sucio, cuando lo hacemos bien hacemos infelices a miles de personas, deberíamos sentirnos miserables, malvados…y no lo hacemos. La basura huele mal, pero para que todos vivamos bien, alguien tiene que recogerla. Nosotros, en cierta medida, somos iguales. No nos miréis con odio, apreciad nuestros servicios…comprendednos, solo Intentad comprendednos.

Y si no pensad que tal vez algunos de vuestros hijos, poseído por la locura, puede convertirse en uno de los nuestros…nadie esta libre, nadie, recordadlo…y rogad por nuestra alma.

martes, 12 de abril de 2011

Crónicas de un Freelance (Cosas que no hacer en Sildavia)

Este cuento es una especie de continuación (aunque lo único que los une es el mismo protagonista) de otro que publique hace tiempo, que podéis ver aquí…

Nadie que haya visitado Silvadia podrá decir que es un lugar aburrido. Todos Deben haber muerto de tedio hace largo tiempo.

Existen lugares donde la fiesta parece surgir espontáneamente, donde incluso en mitad de la miseria estalla la sonrisa y la alegría, generalmente con grandes cantidades de alcohol sirviendo de lubricante, y sazonado con un toque de violencia y algo de sexo (aunque siempre menos del que se dice, y menos del que se necesita). En otros, más prósperos, civilizados o simplemente con una mentalidad más pacata, se intentan canalizar las ganas de diversión de los sectores mas animados de su población en celebraciones más regladas y con menos peligro de convertirse en orgías colectivas (mas quisieran muchos que existiera realmente ese peligro…). Desde conciertos, obras de teatro, bailes regionales (esa especie de adelanto terrenal de lo que puede ser el infierno) a partidos de futbol.

Los gobernantes Silvadianos han debido descubrir hace largo tiempo la clave perdida de la diversión…y se encargan con todas sus fuerzas de mantenerla oculta.

El problema no es tanto que el alcohol este prohibido o que la única música que se pueda escuchar sea la que tenga mas de 500 años, y fuera escrita por algún monje sordo, ciego y castrado, preferentemente habitante de algún monasterio situado mas allá del circulo polar o en alguna montaña sobre el nivel de las nieves perpetuas. No, ni esto ni el que los trajes típicos (y obligatorios) del país llevaran mas capas de ropa de las necesarias (de las necesarias si uno quería hacer que un viaje a la Antártida se convirtiera en un delicioso paseo por el Sahara) son mas que unas leves notas de la sinfonía global.

Ese era el problema real, el conjunto. No es que la sociedad silvadiana estuviera envuelta en una atmosfera asfixiante, opresiva, anclada en un pasado rancio y detestable. No, ese límite se había traspasado hace largo tiempo. Ahora se situaba mas allá, como si después de estar una hora en una sauna, te avisan de que ya es tiempo de dejar atrás el frescor y pasar a algo más calido…

Creo que algunos de ustedes me recordaran. Ya estuve en esta página hace un tiempo, cuando les hable del origen del fútbol en San Mauricio. Desde entonces, he proseguido con mi trabajo de freelance, de mercenario de la pluma sin moral ni ética, más allá de la básica de no aguar un buen whisky. Y aunque los meses pasaron, no puedo negar que al menos en una cosa, Martín nunca cambiara, en cuestiones monetarias, debe descender de escoceses de séptima generación. Que tipo mas rata cuando se trata de recompensar con algo de pasta un buen trabajo…

Pero dejemos de lado a esa especie de usurer…a quien paga (si eso es pagar…), y centrémonos en el tema.

Hace unas semanas, recibí la llamada de una revista de fútbol internacional. Quería encargarme un seguimiento de la casi desconocida la liga Silvadiana, y creían que tras mi periplo Mausito era el hombre perfecto.

En otras palabras, nadie quería ir allí, así que hacia falta buscar un pringado capaz de cualquier cosa por dinero…Yo.

Por supuesto, acepté. Cuando a uno le gustan las bebidas frías, las chicas calientes y los coches rápidos, o es hijo de un millonario, o tiene que buscarse la vida como sea.

Tres días después, aterrizaba en el aeropuerto de Kementary, la capital del país.

Si estuviera escribiendo una guía de viajes, les contaría que esta situada a orillas del rio Kemen, que le da nombre, que su población se acerca a los trescientos mil habitantes, y que cuenta con un hermoso centro histórico.

Pero como ni soy escritor de guías (al menos en estos momentos, uno es polifacético, sobre todo con unos cuantos verdes en la mano), ni esta en mi ánimo colaborar con las autoridades turísticas Silvadianas (entre otras cosas, porque no existen), creo que puedo resumirles lo que es la ciudad con más brevedad: He visitado cementerios con más vida nocturna.

Y diurna. Cuando al principio del texto les hacia una ligera descripción de la vida social de la nación, no me dejaba llevar por la hipérbole. He viajado mucho, he bebido en sitios inmundos, meado en lugares de los que las cucarachas huían asqueadas, incluso he dormido en habitaciones que parecían decoradas por una banda de zombies amantes del cine gore…pero todo eso no se puede comparar con lo que viví en Kementary…

O no viví, porque la sensación que realmente prevalecía a las pocas horas de estar allí, es que la ciudad era una especie de vampiro gigante, y que cada segundo que pasaba, te lo estaba robando, como si te chupara el alma…

Tras registrarme en el hotel (el único de la ciudad donde podían alojarse los visitantes extranjeros), disfruté de la bienvenida gubernamental. Dos agentes vestidos de negro, con trajes sesenteros (no, no es que fueran del estilo de esa década, es que tenían esa edad), bigotes a juego, gafas de sol y sombrero (alguien en el ministerio había visto demasiadas películas de espías, me temo), me informaron de lo que podía hacer (básicamente, nada) y no hacer (podría escribirse una enciclopedia de varios tomos) durante mi estancia. Y para que no se me olvidara, me obsequiaron con un acompañante, que me serviría de guía, intérprete y sombra permanente.

Los siguientes días, como podéis suponer, fue un quiero y no puedo constante. O sea, un quiero una cerveza (verboten¡), quiero un cigarro (verboten¡), quiero un polvo (verb…¿Qué ser un polvo? Verboteeennn¡¡¡¡).

A pesar de todo, hice progresos. La liga Silvadiana esta compuesta por dos divisiones, con una veintena de equipos entre ambas. Los más importantes del país, están todos radicados en la capital, y son extensiones de los distintos órganos de poder del estado.

Podemos mencionar al equipo del ejército (el CSKA), el de la Policía (el Dinamo), el de los sindicatos (El Partizan) y sobre todo, el Non Stop, el club de los obreros de las fábricas de señales de prohibición (principal importación del país, y con un gran mercado interno).

Casualidades de la vida, las últimas ocho ligas se la habían ido repartiendo a partes iguales y de forma armónica entre estos cuatro equipos, siguiendo un orden inamovible.

Cualquiera sospecharía algo…si estuviera permitido hacerlo. Por supuesto preguntar sobre el tema hubiera supuesto mi inmediata expulsión del país…lo cual realmente, más que un castigo era una bendición.

Pero a pesar de que se me pasó un par de veces por la cabeza terminar con la agonía de forma rápida, me debía a mis clientes (y a los montecristos que me iba a fumar a su salud).

Así que con el gaznate seco y el cerebro turbio, me concentre en mi labor.

Tras recopilar toda la información posible (no demasiada, en este país la información la repartían a cuentagotas, hasta el numero de emergencias era secreto), me dispuse a disfrutar (chisss, que no nos oigan, usar ese verbo también debe estar verboten) del acontecimiento que realmente me había llevado allí.

No, no era la clausura de la Semana nacional de grupos Folklóricos, que mis anfitriones habían insistido fervorosamente (con una insistencia que rayaba la amenaza y escasa de sutilidad) en que debía visitar. Me negué por supuesto, la idea del suicidio aun no me rondaba por la cabeza, y prefería perder mi tiempo, mis oídos y mi vista en algo más divertido y dinámico, una carrera de caracoles, por ejemplo.

A lo que me refiero, al magno espectáculo que centraba mi interés, era al derbi que ponía fin a la liga.

En el se enfrentaban, en el tétrico marco del estadio Nacional (que por fuera parecía una especie de Matadero publico, impresión que no mejoraba demasiado en su interior), el Non Stop, camiseta a rayas blanquiazules, pantalón azul, contra el Dinamo, con un desquiciado uniforme naranja (amarga, seguro) y azul .

Si las cosas iban como debían ir (y siendo los silvadianos como eran, irían), el partido lo debería ganar el Non Stop…y la liga, el Dinamo, que le tocaba. Empatados a puntos, el equipo policial tenia un mejor goal average.

Me hicieron el honor de situarme en la tribuna principal, muy cerca del palco presidencial. Así pude observar como entraba al mismo, acompañado por los presidentes de ambos club, el máximo mandatario del país, en uniforme de gala.

Poco después, dio comienzo el partido. O al menos, se pitó su inicio, porque lo que es fútbol, apenas se vio. Entre lo malo del juego, y la imposibilidad de hacerlo olvidar con algo de alcohol, se imaginaran que la primera parte pareció durar una eternidad. Mi acompañante sin embargo, no cesaba de proclamar las virtudes del balompié local, y sus valores mas característicos, Trabajo, presión y orden …parecía mas estar hablando de cómo disolver una manifestación que de técnica deportiva…

Al menos, todo tiene un final, y cuando el árbitro pitó el descanso, lancé un sonoro suspiro, que provocó una mirada poco amable de mi guardián.

Quince minutos después, y pese a mis esperanzas, el suplicio volvió a ponerse en marcha.

Al poco, al menos, llegaba el primer gol. El Non Stop sacaba de banda, un defensa cabeceaba el balón fuera del área, y allí lo recogía un fornido delantero blanquiazul (con pinta de boxeador fondón) que de un ajustado chut batía la meta del Dinamo.

Celebración por todo lo bajo (no era cosa de despertar de su siesta al presidente, que estaba roncando a gusto) en las gradas.

Al rato, vino el segundo. Saque largo del portero, lo recoge solo uno de los carrileros que en veloz carrera llega al área, donde da el pase de la muerte a un compañero.

Dos a cero…y casi todo sentenciado…o eso pensábamos.

Pero…a falta de un cuarto de hora para el final, el presidente se despierta. Seguramente con algo de ardor de estomago, solicita una manzanilla. Se la llevan con premura, pero entonces, distraído, el representante del Dinamo se levanta, tropieza con el camarero, y la infusión va a parar sobre el traje de Gala de la máxima autoridad…

Con un gesto, todo cambia. Los miembros de la guardia presidencial acompañan al camarero y al dirigente del Dinamo, fuera del palco. Mientras, alguien debe haber avisado de lo sucedido a los del césped…y empieza lo bueno.

A falta de nueve minutos, llega el tercero, el Non Stop saca una falta desde medio campo…que recoge, libre de marca (mas libre a medida que la pelota se le acercaba), un compañero al borde del área.

El tipo pierde mas tiempo celebrando el gol, de lo que tardan sus compañeros en lograr el cuarto, tras un “pase” de un rival del Dinamo, al que, como al resto de los jugadores del equipo, parecen habérsele dormido las piernas.

Nuevo saque de centro, nueva “perdida” de balón y…un defensa del Dinamo, ni el sabe como (ni sobre todo, por que), detiene el contraataque…apenas sabe lo que hace con el esférico, hasta que por suerte uno de sus rivales se le acerca, arrebatándole el mismo.

Era el quinto. El sexto, con recochineo. Con un “slalom” desde su campo, sorteando a lo Messi, pero sin tarascadas, a todo el que le sale (mejor dicho, se quita) al paso, el nueve logra la media docena.

El séptimo llega tras “jugada” por la banda izquierda.

El octavo, mirando mas no caer en el fuera de juego (total, uno duda que el trencilla fuera a pitarlo) que otra cosa. El noveno, con un par de amagos de los defensores y un pasillo por el centro.

El décimo, metiéndose hasta el salón, no fuera a fallar el tiro.

El ultimo, llegó tras un despeje del portero (mas bien habría que decir que el delantero dio en el muñeco)… ¿su última parada?

Mientras los incrédulos aficionados del Non Stop celebraban el título, se escuchó una descarga de fusilería. Fuegos artificiales…si allí gastaran de eso. Si tuviera que apostar, el comité de despedida de un par de tipos que yo se me…

Huelga decir que nada mas terminar el encuentro fui acompañado amablemente al hotel, para al día siguiente (en realidad, a mitad de la madrugada), ser conducido al aeropuerto.

Una lástima, me perdí el certamen popular de la canción Silvadiana…no creo que pueda perdonármelo en la vida.

Ah, por supuesto, y tras devolver a mi cuerpo los fluidos necesarios (una semana sin alcohol en las venas y nicotina en la garganta…no se como pude sobrevivir), envié el informe a la revista…claro esta, que algo modificado, debido a ciertas sugerencias que me hicieron cordialmente mis anfitriones sildavianos…bueno, les dejo, tengo que ver al cambio cuantos dólares son dos millones de Dinares…

-Si, el banco central, es sobre el Dinar silvadio ¿Que, golpe de estado, revolución, devaluación de la moneda, hiperinflación, que lo use para Que???

Posdata: Este relato nació a partir de un partido jugado en Brasil hace no tanto, la realidad siempre es capaz de sorprenderte un poco más…

jueves, 7 de abril de 2011

El aleteo de la Mariposa

Hay personas que pasan por la vida sin hacer nada importante. De hecho, así sucede con la mayoría de la gente.

Otros, sobresalen por encima de la mediocridad, convirtiéndose en genios, héroes…o monstruos. Son los menos, la excepción en un mundo uniforme.

Pero…hay casos especiales, gente corriente que una vez en la vida participa, aunque sea de forma colateral, casi clandestina, en el gran juego…incluso sin darse cuenta de ello.

Juan Rojo entra dentro de este último grupo. Poco se puede decir de el, salvo que hay poco que contar. Sin duda vivió instantes intensos, pero para la historia, ninguno de ellos tuvo importancia alguna (no, ni ese presunto “polvo del siglo” que había echado con aquella guiri en Torremolinos y del que tanto se vanagloriaba con asiduidad quedará en los anales de la eternidad).

Y sin embargo…aquella cálida mañana de Junio del 2010, tan aparentemente anodina, Juan participó como actor de un drama que si se plasmó en la historia. Para su desgracia, o tal vez, por suerte, jamás lo supo.

En realidad su intervención fue como la de esa mariposa africana que al agitar sus alas provocará que la lluvia caiga sobre Nueva York…o puede que en Londres, o que no sea lluvia, sino que luzca el sol. La cosa es que la culpa es de la mariposa, eso seguro (¿o era una avispa?).

Eran las 10 y media. Juan se encontraba ya trabajando en la piscina, revisando el recinto antes de abrir, junto con una compañera. Entre broma y broma, ordenaban sillas y colocaban sombrillas.

De repente, vio algo en el suelo. Un móvil.

- Mira lo que encontré-, dijo, mostrándole el aparato (nos referimos al telefono...) a su amiga.
- Vaya, alguna inglesa despistada debe habérselo dejarlo.
- Yes, of course-, exclamó el con un exagerado y teatral acento ingles.

Sonó el móvil. Juan no sabia si cogerlo, mientras Elizabeth, su compañera, escogía ese momento para ponerse a hacerle cosquillas.

Finalmente respondió, mientras le decía a su amiga:
- Elizabeth, stop-, continuando la broma anterior.
- Oh, no, kiss me, boy- dijo ella, siguiendo con el juego.

Al otro lado, solo silencio. Cuando Juan iba a decir algo, su anónimo interlocutor, colgó.

-¿Quién era?- preguntó Eli.
-Ni idea, aquí aparece que un tal…Rob. En fin, vamos a dejar esto en recepción, por si lo reclaman.

Un par de horas después, en mitad del trajín cotidiano, Juan ya había olvidado la llamada, y nunca volvió a recordarla. Es triste pensar que el momento más importante de la vida de una persona pueda pasarle tan desapercibido. Incluso aun, es mas triste pensar que dicho momento sea una mísera llamada telefónica…pero así es la vida, y así de puñetero es el destino.

Mientras tanto, a miles de kilómetros, en Sudáfrica, alguien tenía el corazón roto. Había llamado a su chica, buscando la reconciliación, y la encontraba en plena faena con el imbecil de ese tal Johnny…fuera quien fuera ese desgraciado. Ya no merecía la pena seguir, el mundo estaba lleno de chicas, se dijo…pero ninguna era Elizabeth, le replico otro sector de su mente, con ganas de bronca.

Se pasó todo el día divagando distraído, herido en su amor propio. Cuando salio al campo, intentó centrarse en lo que estaba haciendo, pero fue inútil.
Y lo inevitable, llegó. Poco antes del descanso, el lanzamiento lejano de Dempsey, aparentemente sin peligro, le convertía en un hombre marcado, carne de periódico y objeto de odio para muchos compatriotas.



Si, el fútbol es muy jodido en ocasiones…y más si eres portero. Y sobre todo, en los últimos tiempos, si eres portero inglés.

Pero ahora debemos partir de regreso a Europa. No, el hecho de que los Estados Unidos lograran empatar con Inglaterra merced a la pifia de Robert Green, no es tampoco gran cosa dentro del interminable fluir del tiempo. Ni siquiera se mencionó después de unas semanas. Pero si que trajo consecuencias.

En York, Michael Red, que estaba viendo el partido, cambió de opinión. Su hijo recién nacido iba a llamarse Robert, en honor a su abuelo materno, pero…ese fallo había sido sin duda una señal, se negaba a ponerle el mismo nombre de ese inútil a su retoño…No, era cosa de buscar otro mejor. Y curiosamente, su mujer estuvo de acuerdo.

Cuando 45 años después John red se convertía en primer ministro del reino unido, nadie recordaba ya a Green, pero un anciano Juan Rojo no dejó de fijarse en el curioso parecido de su nombre y el del político…si el supiera…quien fue aquella guiri de Torremolinos.

domingo, 3 de abril de 2011

Ver o mirar, oír o escuchar

Despertad.

No hablo de abrir los ojos, hablo de usarlos. Vivimos tan perdidos en nuestros mundos privados, agobiados por temores propios y problemas ajenos que la mayoría del tiempo permanecemos ciegos y sordos ante los que no rodea. Vemos, pero no miramos, oímos, pero no escuchamos.

Por eso, en las escasas ocasiones en la que liberamos la mente y nos permitimos el lujo de usar nuestros sentidos, casi parece que hagamos magia.

¿en cuántas ocasiones nos hemos detenido a escuchar una canción que había sonado cien veces antes en nuestros oídos, sin prestarle atención, y de repente sentimos que estaba escrita para nosotros, que su letra habla de ti? El problema, cierto, es cuando te das cuenta de que la canción era de Camilo Sexto…

Camina por la calle, y haz un ejercicio mental. No tengas prisas, no pienses en llegar a parte alguna, simplemente abre de verdad los ojos, y por una vez, mira. Descubrirás cosas que jamás habías observado, matices que transforman los lugares que creías conocer. No crees en lo invisible, y sin embargo el mundo esta lleno de cosas que para ti lo son , aunque estén ahí.

Con la gente pasa igual. Puedes ignorar a una persona, apenas darte cuenta de su existencia, verla una vez tras otra sin inmutarte, sin dirigirle la palabra, y de repente descubrir que siempre estuvo ahí . Te das cuenta de que tenías el paraíso al lado, mientras mirabas hacia el infinito todo el tiempo.

Y te llamas idiota, y te alegras de haberte quitado la venda de los ojos. Y por fin, por una vez, dejas de ver y empiezas a mirar.

Y descubres la belleza en su rostro, la música en sus palabras, el cielo en su mirada.

Y entonces puedes volver a cerrar los ojos, porque lo que tienes que mirar ya no esta ahi fuera, sino dentro de tu corazón.